Ayer pasé por una tienda de revistas y me paré a ver los titulares de las de chimentos. “Estoy en mi mejor momento”, “Fulano es lo mejor que me pasó en la vida”, “me separé”.Qué original.
Lo peor es que lees el “me separé” y debajo ves a una mina prácticamente desnuda, con un cuerpo escultural y con cara de gato en celo. No lo puedo entender. ¿Qué sentido tiene exponer tu vida de manera tan contradictoria?
Razonando esto concienzudamente llegué a una conclusión triste: la calidad y la originalidad de las declaraciones de las “artistas” es inversamente proporcional a su tiempo de permanencia en los medios. A menos inteligentes sean los titulares de las revistas, más ejemplares se venden. Y por ende, más tiempo se sientan sus creadoras en el banco rojo y lleno de purpurina de Intrusos.
Declaración e imagen se complementan. El mensaje subliminal está tan claro que funciona a la perfección. Podríamos decir que la solitaria está diciendo: “Hombres, vengan a mí. Soy más fácil que jugar al cine mudo contra un ciego.” Y currará toda la semana con esa brillante idea de quedar como una flor de ligera, terraja y pocas luces.
“Pobre mujer, mirá como sufre”, entona mi madre al borde de las lágrimas al ver a uno de estos especímenes recauchutados en la tele. “Mamá, si eso que dice es verdad, yo me puedo teletransportar como Harry Potter sin polvos flu”. Y no me teletransporto nada. Sigo ahí escuchando a esa chica, que cuenta cómo la foto en la que está desnuda con un tipo no es más que un fotomontaje.
Hasta que me transporto, con mis piernas, a otro lugar.
¿Para qué se quema las neuronas la gente estudiando? Si pidiendo un crédito en 36 cuotas al telefonito verde te haces toda de nuevo, te mudas a Buenos Aires y vivís como una diosa del Olimpo.
¿Será por eso que las personas gastan plata en esas revistas?, ¿porque sueñan con ser como estos personajes? Si no es así: ¿de qué te sirve leer sobre la vida de una mina hecha en un quirófano y sin cerebro?
Y ahí están las señoras en la peluquería con ese huevo enorme puesto en la cabeza y con revistas con gráficos rojos en la mano. “¿Viste que Cristian U se sacó ese horroroso pijama de seda?, pregunta una de las chusmas tituladas. ¿Sí?, ¿no me digas?, le responde una colega. ¿Y qué se puso?, ¿la remera a rayas o la otra con la cara del dogo espantoso ese?”.
“El chimento es marginal”, repite un amigo hasta el cansancio. Y no está tan errado. A la prensa rosa se le pide a gritos una pizca de coherencia y cordura. El tema es que no se le puede exigir juicio al plástico. Y mucho menos a sus editores.
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