viernes, 27 de mayo de 2011

Los gatiperros

Hay tres clases de personas: los que piden croissant, los que piden corasanes y los que los señalan con el dedo. ¿Cuál está equivocado?, ¿cuál tiene la razón?  Yo diría que los tres. Que cada uno pida… eso, como se le cante.

Cuando la cuestión es polémica y hay dos posturas bien marcadas, siempre se quiere llegar a una idea absoluta. El que señala con el dedo es un mediocre que se queda con medias tintas y no se la juega.

Puede ocurrir que coincidas con aspectos de ambas partes, pero desde el momento en que decís: “Bueno, yo creo que, por un lado…”. Ya te miran distinto. Sos el blandito, te falta inteligencia para pararte en un lugar fijo.  

Esto es: “O estás conmigo o estás contra mí”. Y en caso de que no estés conmigo ni con el otro, estás en el medio. Y sos un básico sin conciencia social que armás tu discurso a partir de los que escuchaste por ahí. Repetís como loro.

De cualquier manera, el prejuicio contra los suizas del mundo no es totalmente injustificado. Una cosa es pararse en el medio y otra, muy distinta, es estar en los dos lugares a la vez. Eso es falsedad.

Y, muchas veces, esa falsedad se disfraza de argumento conciliador, de postura contemplativa. “Los perros son guardianes, pero los gatos, tiernos. Tengo la casa llena de mascotas que se pelean entre sí, pero qué dirán los vecinos si regalo alguna. Imagináte”.                                          

La radicalización de las ideas deja tantas cosas por el camino que parece Pulgarcito. El tema es que, después, volver a casa se complica.

Todas las que llevan uñas pintadas son tontas y burguesas; todos los que peinan rastas son unos vagos que fabrican pulseras; todos los caminos llevan a Roma. Falacias y más falacias.

Y es que aunque muchos no lo quieran asumir, no hay nada mejor que la escala de grises.



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