viernes, 27 de mayo de 2011

Los mechones escondidos

En nuestra sociedad parece que está instalada la costumbre de simplificar la realidad. Se trata de algo que puede resultar muy útil, ¿para qué desentrañar todo lo que esconde un comportamiento? Si con una sola observación ya parece que somos capaces de “sacarle la ficha” a una persona.

El tema de entender la psicología de las personas parece estar de moda. Todos analizan a todos. Y lo gracioso es que, en realidad, no existe tal cosa como un análisis. Las etiquetas se ponen así como así, por lo más notorio que haya quedado en el imaginario. El que da y da sin difundirlo y un día dice que no puede ayudar, seguro pasará a ser un egoísta, y el análisis quedará en eso.  

Cuestión de peso es un reality argentino en el que los participantes son obesos y compiten para llegar al premio final: una operación para colocarse un cinturón gástrico. En él, uno de los participantes tocó un pecho a una compañera y se desató un juego mediático en el que se le comenzó a llamar “violador”.

Está bien que nadie tiene derecho a tocar a nadie sin su permiso, pero tanto como para tildarlo de violador…

Y ahí entramos en un tema de parámetros. Hay un tope. Más allá de violador, para el violador, no hay. De él pueden derivar muchos adjetivos: abusador, degenerado… pero ninguno de ellos supera al primero.

Muchas veces se usa esta simplificación para conseguir algo del resto de la sociedad, es similar a: “Hazte fama y échate a dormir”. Y siguiendo con el ejemplo de la generosidad, el que dice varias veces: “No tengo”, seguro se evita que la gente le vuelva a pedir algo. Queda instaurado que no tiene, lamentablemente, nuestra imagen se forma con lo que cada uno de nosotros divulga de sí mismos.

Lo que se saca en limpio de todo esto es que se ve el pelo en el ojo ajeno. El mechón en el propio se esconde con maquillaje. Y del bueno.



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